Historia de “La Terraza” de a coruña a sada.

Una de las páginas más interesantes de la historia de la arquitectura moderna en Galicia es aquella que corresponde a la construcción de Kioscos y Pabellones levantados en las dos primeras décadas del siglo XX y que se situaban en zonas de relleno ganadas al mar en las ciudades costeras. 
Concretamente, en la ciudad de La Coruña, es en los jardines de Méndez Nuñez, conocidos popularmente por “Relleno”, donde van a surgir este tipo de instalaciones. 
La ciudad moderna, aquella que inicia su andadura con el derribo de las murallas a mediados del siglo XIX, y que plantea por primera vez un modelo de desarrollo urbano a partir del Ensanche de población , va a complementar la construcción del barrio residencial con una amplía zona de ocio y esparcimiento en los terrenos que, por motivos de carácter portuario-industrial, van a ser ganados al mar en todo el frente de la ciudad. 
En ellos el paseo de Mendez Nuñez va a jugar un papel de eje vertebrador en el que se apoyarán, a través del tiempo, toda una serie de instalaciones relacionadas con el ocio. 
En un principio fueron pequeños “aguaduchos”, puestos de venta de bebidas, que estarían ligados a la actividad portuaria y a la construcción de los muelles, obra clave para poder comprender el desarrollo de La Coruña moderna.  
Ya a partir de 1899 serán sustituidos …“por elegantes Kioscos de cuatro metros de lado para la venta de refrescos y golosinas”…que nos anuncian nuevos usos del espacio que se va configurando como área de ocio, de paseo, de esparcimiento.

Será a partir de 1912 cuando el carácter provisional de las instalaciones empiece a cambiarse en algo más duradero al establecerse relaciones de concesiones entre el Ayuntamiento y los particulares por períodos de tiempo más amplio, hasta 20 años, lo que posibilitará una mayor inversión y por lo tanto un mayor volumen de las obras a realizar, que incorporarán en la mayoría de los casos tecnologías y lenguajes arquitectónicos nuevos en el paisaje urbano coruñés. 
Las instalaciones de planta baja se alargarán hasta superar los 30 m de frente.

Posteriormente se planteará la utilización de la planta superior a modo de terraza cubierta pero totalmente abierta, a la que se accederá por las fachadas laterales. Una tercera fase será la de cierre de la planta superior. 
Son los edificios de ocio en La Coruña en los años veinte: la arquitectura de ocio será una arquitectura de ruptura con el academicismo, sobre todo en su primera época, en la que los elementos compositivos de la Sezesion vienesa serán cita obligada en los Kioscos y Pabellones que se instalarán en el “Relleno”.

Una arquitectura frágil, alegre, transparente: 
Una arquitectura de evasión para la evasión en la que tendrán cabida desde el café cantante hasta el cinematógrafo , desde el puesto de venta de juguetes al kiosco de refrescos. 
El vidrio y la madera serán protagonistas fundamentales de unos espacios amplios, generosos, totalmente permeables con el entorno circundante , abiertos a los jardines, al paseo y al mar.

Lugares para estar, para contemplar el espectáculo de la vida urbana de una sociedad en plena ebullición como fue La Coruña en los años veinte: punto de salida y de llegada de los trasatlanticos de la emigración a América, los kioscos del paseo de Méndez Nuñez serán los edificios que el emigrante contemplará desde la cubierta de los barcos.

“La Terraza”, hoy en Sada ( 1912, Antonio López Hernández), el Kiosco Alfonso(1912, Rafael González Villar), el Salón Cinema Coruña( 1912, Pedro Mariño), el Pabellón Lino,… fueron ejemplos del clima y del paisaje urbano creado en esta área que se convirtió en una auténtica sala de estar y paseo de la nueva ciudad surgida al amparo de la industria y del comercio ultramarino. 
El establecimiento de nuevas relaciones administrativas, con la ampliación de los tiempos de concesión de los espacios públicos en los que se asentaban estas instalaciones, abrirá una nueva etapa en que la madera o el vidrio serán sustituidos por materiales como el cemento armado, el hierro fundido, pero siempre insistencia de la apertura del espacio circundante.

Cuando en los años 1919-20 “La Terraza” es desmontada y trasladada a Sada, el nuevo acristalada en la búsqueda de una piel suave que haga posible esa agradable sensación de contemplación, y por lo tanto, de posesión del espacio exterior, al tiempo que se está lo suficientemente protegido. 
No es casualidad que esta arquitectura tan próxima a la arquitectura de los invernaderos consiga en este territorio Atlántico brillantes resultados, ya que no podemos olvidar que fue en Inglaterra donde las soluciones a estas edificaciones se convirtieron en auténticas tipologías.


El Kiosco “La Terraza” está situado en el paseo marítimo de Sada y a lo largo de los años se vino a convertir en símbolo de esta villa síntesis de tres materiales, madera, hierro y vidrio, y en uno de los edificios más representativos del movimiento modernista de Galicia.

En su volumen inicial tenía planta rectangular con un frente de 33,5 metros y un fondo de 5,5 metros, si bien años más tarde se le adosó a la fachada posterior un cuerpo destinado a servicios (aseos, cocina y almacén) en obra de fábrica y pilares de hormigón en una longitud de 16,65 metros y un fondo de 3 metros, lo que desvirtuó totalmente la obra original.

Tiene una planta de sótano que levanta 1 metro sobre la rasante del terreno, planta baja de 3,35 metros de altura libre en la que se sitúa la barra de la cafetería, restaurante y zona de servicios, y una planta superior de 4 metros de altura libre, totalmente diafana, que tuvo diferentes usos a lo largo de los años, desde salón de baile a salón de actos, de tertulias, cafetería, etc…

El edificio es simétrico respecto a un eje central perpendicular a la fachada. El acceso está situado en el centro de este eje, levantándose la planta baja aproximadamente un metro con objeto de dar luz y ventilación al sótano.

La estructura es a base de pilares de madera con sección rectangular de 8 cm.por 14 cm. situados rítmicamente a lo largo de las fachadas principales, y que al tiempo que realizan la función estructural, sirven de elementos de encaje de los módulos en los que, tanto en la planta baja como en la planta alta, están divididas las fachadas. 
Estos módulos son los elementos constitutivos de la membrana de vidrio y madera que, a modo de galería de invernadero, aísla el espacio interior, abriéndolo al mismo tiempo al ambiente urbano. Esta membrana está modulada a base de elementos diferentes que, en número de 15 por planta en las fachadas longitudinales, y 3 en las laterales, nos remiten a las dos etapas fundamentales de construcción del edificio.

En la planta baja los módulos son fijos, si exceptuamos la puerta principal de acceso al edificio y las de las fachadas laterales y posterior, por las que se accede a la terraza circundante. Hay dos tipos de módulos: uno más estrecho(de 1.40 m.de ancho), del que hay 6 en la fachada principal, y dos en las laterales; y otro segundo tipo más ancho(de 2,50 m.), del que hay 8 en la fachada principal y uno en cada fachada lateral.

Por último está el modulo central de acceso en el que se encuentra la puerta de entrada y que fue añadido cuando se instaló en Sada, ya que el La Coruña los accesos, en número de 2, estaban situados simétricamente en la fachada principal. Estos módulos de la planta de acceso ya figuran el el proyecto firmado por Antonio López Hernández en otoño de 1912 y nos dan una idea de cual fue la primitiva construcción de planta baja que se instalaba en el “Relleno” de La Coruña a principios de siglo.

En el proyecto de 1912, figuraban asimismo los dibujos de los antepechos de madera que conformaban la parte inferior de los módulos, tanto en la planta baja como en la planta alta, y que están profundamente modificados en la actualidad, ya que los de la planta baja fueros sustituidos por un tabicón de obra de fábrica y en los de la planta superior se eliminó el acristalamiento que existía en todos ellos, excepto en los que dan a las fachadas laterales, que aún conservan la primitiva disposición.

Completan la cáscara del edificio en la planta superior otros dos tipos de módulos que se corresponden en vertical con los de la planta inferior, siendo de 1,40 metros de ancho el más estrecho y de 2,50 de ancho el más ancho y con una altura de 3,35 metros en los dos casos. En la fachada principal hay un total de 6 módulos estrechos que se intercalan con 8 módulos más anchos. En las laterales hay dos módulos estrechos y uno más ancho centrado.

Uno de los aspectos más interesantes de esta planta alta es el de la policromía de los cristales de las diferentes ventanas en su parte superior: cristales de color verde, rojo, amarillo, azul, naranja…crearon un ambiente cálido al ser atravesados por la luz exterior. Toda esta parte corresponde a la última fase de la construcción de La Terraza en su época coruñesa, que consistía en el cerramiento de la terraza de la planta superior con bastidores de madera y vidrio. 
También es de destacar el módulo añadido en esta primera planta sobre la puerta de acceso de la planta baja, que conecta con un balcón que cubre la entrada al edificio, que no existía en la terraza coruñesa.

La estructura se completa en la parte superior con una sucesión de cerchas metálicas apoyadas en los pilares de madera en las que el hierro se dispone en figuras geométricas de clara inspiración modernista. Sobre las cerchas un entablillado de madera soporta las láminas de zinc que debieron sustituir la primitiva lona embreada que cubría este tipo de construcciones.

Toda una serie de remates centrales enfatizaban las puertas de acceso al interior y rompían la continuidad del alero con el que volaba la cubierta a lo largo de las fachadas; estos remates se suprimieron al trasladarse a Sada el edificio. Por último cabe señalar que en la planta baja se añadieron posteriormente unos pilares centrales con el fin de poder soportar las sobrecargas a las que se sometió al servir la planta superior como sala de baile.

Las dos plantas del edificio se comunican a través de una escalera interior, centrada, frente a la puerta principal, que se bifurca a la derecha y a la izquierda a partir de un descanso intermedio. En el edificio existente en La Coruña, el acceso a la parte superior se realizaba por las fachadas laterales a partir de escaleras adosadas y cubiertas, si bien exteriores, que también fueron suprimidas en el traslado.


La Coruña en el año 1913.

Los arquitectos. 
No constan en el archivo municipal de La Coruña los planos del proyecto definitivo 
del kiosco “La Terraza” que fue construido en el “Relleno” de La Coruña en el año 1913. En la documentación existente, aparece el expediente de ampliación del edificio inicial y cubrición de la parte superior firmado por Antonio López Hernández y datado en 1 de Octubre de 1912. Fue a partir de este diseño como se concedió la licencia para la ampliación y cierre de la parte superior, si bien el los libros de actas de tres meses después, en Enero de 1913, aparece la referencia a un “nuevo plano acuarelado” que podría corresponder al edificio actual.

Antonio López Hernández formaba junto con Juan de Ciorraga, Antonio de Mesa, Pedro Mariño, Julio Galán Carvajal, Leoncio Bescansa, Ricardo Boán y Callejas, Rafael González Villar y 
Eduardo Rodríguez Losada, la totalidad de los arquitectos que en el año de 1913 trabajaban en la ciudad de La Coruña. Nueve hombres cuya actividad profesional era representativa de unos años en los que la arquitectura se iba despegando progresivamente de los lenguajes academicos, y las nuevas formas estilísticas, fruto de la influencia centro-europea, aparecian a menudo en la configuración urbana coruñesa.

Juan de Ciorraga, que termino su carrera en el año1860 y desempeñó el cargo de arquitecto municipal de La Coruña desde 1864 a 1890, puesto desde el que impulsara la redacción del proyecto del Ensanche de la población de 1885, fue uno de los animadores de la arquitectura de las galerías, y encarnaba la línea arquitectónica que, partiendo de una formación académica, se enraizaba en la tradición de la arquitectura local, la de las galerías de madera y vidrio que desde finales del siglo XVIII cubrían el paisaje urbano del centro histórico de la Ciudad.

Pedro Mariño, arquitecto municipal, cargo que le impedía realizar obras para la iniciativa privada, termino su carrera en 1892, y fue uno de los arquitectos de mayor influencia en La Coruña de principios de siglo. Hombre de una sólida formación académica supo, a lo largo de su vida, incorporarse con sus diseños a los movimientos de vanguardia, y varias de sus obras para la administración municipal , nos recuerdan, en muchos de los elementos compositivos, a otras diseñadas por otros compañeros coetáneos. Desde el eclecticismo del Palacio Municipal(1908-1912) al proyecto del Grupo Escolar Concepción Arenal(1910) hay una muestra del buen hacer de un arquitecto que, con su influencia arquitectónica, va más allá de los expedientes que tiene que informar desde su cargo de arquitecto municipal. A partir de 1900 comenzarán a llegar a Coruña nuevos arquitectos. Todos ellos con un talante en el que se adivina que algo importante está ocurriendo en el campo del diseño arquitectónico.

Julio Galán Carbajal, que termina su carrera en el año 1900, ocupará el cargo de arquitecto de la Diputación provincial de La Coruña hasta 1913, año en que marchará a su Asturias natal. Los proyectos de la autoría de Julio Galán Carbajal, no son numerosos, pero en todos ellos se encuentra ese afán de búsqueda de un nuevo lenguaje formal, que superando las referencias de los lenguajes clásicos y académicos, abra las puertas a una concepción más globalizadora y unitaria del conjunto de la obra arquitectónica a partir de la incorporación de nuevos elementos compositivos(círculos, barras, flores, cariátides, formas geométricas, cabezas de elefantes, de leones…); en fin, el lenguaje modernista que desde 1890 hacia temblar los cimientos de la cultura académica y de las enseñanzas eclécticas que se impartían en las escuelas de arquitectura.

Leoncio Bescansa, titulo de 1903 por la Escuela de Madrid, hombre preocupado por las cuestiones estructurales y tecnológicas, uno de los difusores de la técnica del hormigón armado y de las vigas pretensadas Vierendel en nuestra ciudad, simboliza con su eclecticismo de las Escuelas Labaca, mezcla de neogótico y de ornamentación modernista, la crisis en que se debatía el momento arquitectónico.

Antonio López Hernández, titulo de 1904, ejercia el cargo de arquitecto de Hacienda y junto con Julio Galán Carbajal y Ricardo Boán y Callejas, conforman los nombres más ligados a los proyectos redactados en la ciudad de La Coruña entre 1900 y 1915. 
La autoría del proyecto definitivo de La Terraza de Sada nos es desconocida al no encontrarse documentación alguna en el expediente municipal. La única referencia al nombre de un arquitecto es precisamente a Antonio López Hernández, en octubre de 1912, en un proyecto en el que coinciden con La Terraza actual los diseños de los módulos de las plantas bajas, los detalles de la carpintería y el antepecho de la planta superior.

Antonio López Hernandez nació en La Coruña en el año 1879, estudió bachillerato en el instituto Eusebio da Guarda, iniciando la carrera de arquitectura en la Escuela de Madrid, carrera que termina en 1904, a los veinticinco años de edad. Trabaja como arquitecto del Catastro en Sevilla, La Coruña y Pontevedra. Será en la ciudad de La Coruña, en la que reside desde 1910 a 1915, donde sus obras destacarán por la incorporación sistemática de elementos compositivos modernistas. De esta época figuran proyectos en el archivo municipal de La Coruña: Casa Salorio en la plaza de Pontevedra, esquina a Modesta Coicuria(1912), Edificio Plaza de Lugo, nº 13(1912), Edificio Cantón Pequeño nº 4, 5 y 6, ya derribado, Edificio San Andrés nº 71(1912)… 
Obras que por si solas justifican la actividad profesional de un arquitecto que, tomando como punto de partida la galería gallega, recrea un diseño original en el que tradición y modernidad se unen para conseguir brillantes resultados. Trasladado a Pontevedra en 1915, residirá en esta ciudad hasta 1932, en su puesto de arquitecto jefe del catastro, lo que no le impediría el ejercicio libre de la profesión en numerosos edificios de esta ciudad. En 1932 se traslada a La Coruña, donde residirá hasta 1944, año en que pasará a vivir en Madrid, ciudad en la que muere en 1950, a los 71 años de edad.